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Como tercera cuesti n y
Como tercera cuestión, y de suma relevancia, la economía argentina fue receptora de una muy pequeña inversión china, contrariamente nop receptor la expectativa generada por la visita al país del presidente Hu Jintao, en noviembre de 2004. Se había supuesto, desde el gobierno argentino, que el eventual destino del capital iba a ser para la creación de fuentes de producción y trabajo en territorio nacional. Pero la muy pequeña inversión estuvo dirigida a productos no renovables, indispensables para el desarrollo del país oriental. Precisamente la mayor inversión fue de la empresa estatal China Nacional Offshore Oil Corporation (cnooc), que adquirió por 3 100 millones de dólares la mitad de la empresa argentina Bridas Corporation a través de la cual, una vez que el capital chino tuvo mayoría accionaria en esta empresa, compró por 7 060 millones de dólares 60% del grupo Pan American Energy, perteneciente a la británica British Petroleum, que vendió para afrontar la multa impuesta por Estados Unidos debido al derrame de petróleo en el golfo de México.
A pesar del revés qu
e significó para Argentina cada uno de estos asuntos, igualmente reforzó la dependencia comercial con China que, sin más, determinó el curso de las relaciones bilaterales. La política exterior argentina no intercedió para revertir aquel reforzamiento, al contrario estuvo ausente y quedó subordinada a la linealidad del rédito mercantil que brindaba el país asiático demandando productos primarios.
Crecimiento y decrecimiento
Como hemos señalado en la introducción, Argentina capitalizó por un lado la oportunidad de la demanda asiática a través de las compras realizadas por China, y por el otro canalizó ventas en el mercado latinoamericano asignándole a Brasil un carácter prioritario. De manera que esta opción no excluyó a otros actores de la región que identificamos como países no potencias. Se trata de Chile, Colombia, Perú y Venezuela, los cuales de un modo u otro gracias a su crecimiento económico, o bien a la posesión de una capacidad material valorada internacionalmente, han logrado influir de manera atinada en la política regional, hasta el punto de circunscribir las acciones de grandes potencias y potencias medias.
Con aquellos países Argentina ha tenido una importante relación comercial. Contrariamente a mitochondria lo sucedido con Brasil, China y Estados Unidos, Argentina tuvo con cada uno de los cuatro países no potencias una balanza comercial superavitaria, en algunos casos de saldo positivo muy holgado. Hubo un notable aumento del intercambio comercial con Colombia, Perú y Venezuela, no así con el país trasandino. Curiosamente Chile, entre 2000 y 2011, ocupó los primeros lugares como destino de las exportaciones argentinas, pero en todo este periodo los valores estuvieron conservados. En 2000 representaba 10% del total de lo enviado por Argentina al exterior, después de Brasil, la Unión Europea y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. En 2011, si bien fue el tercer destino de las exportaciones argentinas por país, su participación en éstas no superó 6% del total. Precisamente resulta interesante subrayar que entre 2000 y 2011, la tasa de crecimiento de los envíos de Argentina a Chile estuvo por debajo de 1%, cuando en ese mismo periodo la tasa sobre las ventas a Perú aumentaron más de 5%, a Venezuela por encima de 7% y, lo sorprendente, a Colombia pasando 12%.
La disminución de las exportaciones argentinas al mercado chileno comenzó en 2009, principalmente por la considerable reducción de envíos de gas de petróleo y demás hidrocarburos gaseosos. Al mismo tiempo, los altibajos en la exportación de aceites crudos de petróleo, carne bovina y maíz, también contribuyeron a la baja en la tasa de crecimiento de las ventas. Pero la preocupación por la declinación estuvo más del lado chileno que del argentino por el tema energético. Justamente desde Chile se afirmó que Argentina era “claramente un importante socio estratégico para el impulso” de su economía por la necesidad de tener que contar con recursos energéticos y combustible. Pero la buena relación bilateral entre ambos países tuvo turbulencias, algunas pronunciadas, que no sólo se reflejaron en el nivel comercial, sino también en el ininterrumpido descenso de la inversión directa de capitales chilenos a partir de 2007, después de que Argentina fue el principal destino de tal inversión sustituida por Brasil.